12 mar. 2011

¿Sabías qué ...? (1)

El origen mítico del ajedrez


Por Diego Ramos Diez
Aunque es discutido, la mayoría de los historiadores coinciden en que el ajedrez nació en la India en una fecha no conocida (3.000 a. C., siglo III a. C., siglo V d.C….). Aunque también hay quien mantiene que surgió en Egipto hace ¡5.000 años!
Existen muchas leyendas que se pierden en la bruma de la Historia sobre su origen. La más conocida cuenta que en el siglo V d.C., en la India, reinaba un joven monarca llamado Shirham que se aburría muchísimo y al que los aduladores corrompían, descuidando la tarea de gobernar a su pueblo.
Cierto día un brahmán llamado Sissa se presentó en el palacio con un misterioso tablero con 64 casillas blancas y negras y una caja con un gran número de extrañas piezas de estos colores. Los cortesanos y el monarca le miraron con curiosidad mientras iba colocando las piezas sobre el tablero, y entonces Shirham le preguntó a Sissa que era exactamente lo que había traído a su palacio. El brahmán le respondió que era un simple juego, pero que gracias a él conseguiría distraerle para siempre de malos vicios y enseñarle a gobernar justamente a su pueblo. Shirham y los cortesanos aduladores rompieron a reír pero el monarca aceptó que Sissa le enseñara a jugar diciéndole: “Está bien brahmán, si este simple juego es capaz de conseguir todo lo que me habéis dicho os concederé lo que me pidáis”.
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La Diosa Caissa

Sissa le explicó los movimientos de las piezas, táctica, estrategia y todo lo necesario para ser un buen ajedrecista. Le explicó también que el ajedrez era un juego que representaba una batalla entre dos ejércitos iguales, que los peones eran soldados de infantería, los caballos caballeros, los alfiles sacerdotes, las torres elefantes de guerra, la dama el general y el rey el monarca. A esto Shirhan le preguntó, algo molesto: “¿Y por qué los reyes somos piezas tan débiles sobre el tablero? Casi no tenemos poder…” Sissa sonrió y dijo:“El poder del rey reside en el poder de su ejército, es decir, de su pueblo. Si un rey es bueno para sus súbditos y los trata con justicia, benevolencia y caridad estos lucharían y se sacrificarían por él. Sin embargo, si un rey los trata con indiferencia o tiranía, nadie daría la cara por él en una batalla”, y mientras decía esta palabras retiraba despacio todas las piezas del ejército negro menos al rey, que, de repente se veía solo contra todo el ejército blanco. Shirham había comprendido una valiosa lección.
Las semanas pasaron y el joven monarca volvió a las tareas de gobierno ocupando sus ratos libres en el ajedrez, que cada vez le apasionaba más. Un día le dijo al Sissa qué quería por haber cumplido su parte del trato. Este le respondió que sólo quería un grano de trigo por la primera casilla del tablero, dos por la segunda, cuatro por la tercera y así sucesivamente. El joven monarca se sorprendió por la sencillez aparente del premio y accedió gustoso, creyendo que él beneficiado por el trato era él. Cual fue su sorpresa cuando sus consejeros le respondieron que ni juntando todo el trigo de Asia se podría reunir la increíble suma de ¡18.446.744.073.709.551.615 granos de trigo! El monarca había aprendido otra lección.
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